3/9/09

NOTA DEL DIRECTOR- parte I

“En algún lugar de la línea sabia que habría chicas, visiones, todo; En algún lugar de la línea la perla me seria entregada”.

Jack Kerouac- On the Road

Existen ocasiones en que el rango de palabras, en cualquier lengua, no es suficiente para cubrir o definir una experiencia o un significado. Si bien es demasiado matemático y económico calcular mil palabras por imagen, el hecho es que a veces el contenido evidentemente cromático, dinámico y sintético que encapsula una buena imagen, puede ser mas elocuente que cualquier elaboración literaria; por eso tomamos fotos en los cumpleaños y leemos encomios en los entierros. Por eso, el guionista mejicano que rechaza ser llamado guionista dijo que a veces escribimos novelas y otras veces guiones y, aunque él odie llamar guía a su obra literaria, sí admite que es más fácil ser narrador omnisciente que primera persona narrativa y viceversa, dependiendo de la forma en la que se quiera contar el cuento. El que quiere verlo todo usa imágenes con palabras y sonidos, el que quiere ver solo lo que sus ojos ven recurre a las palabras puras.

Es un discurso demasiado largo para elaborar mejor, pero la idea es que las películas surgen cuando uno quiere ver con los ojos en lugar de imaginar o cuando se quiere imaginar sobre otros referentes. Por eso hacemos películas.

Supongo que para explicar mi Apatía, debo develarme un poco. Darme a conocer, pero justamente ese es el punto. He y hemos llegado a la conclusión de que la única forma de mostrar esa Apatía es haciendo un filme que explore la paradoja en la que crecimos muchos Bogotanos, Colombianos y seres humanos que experimentamos la maduración paralelamente con el cambio de siglo.

Así que empecemos explicando quién soy yo y quiénes somos nosotros.

El concepto está ahí afuera: Apatía- una película de carretera. Quiero y queremos hablar de la paradoja, la metáfora y la parábola existencial; Los incontables ejemplos de dinamismo y estatismo simultáneos: Encender un cigarro lentamente dentro de un auto viajando a 100 Km. por hora; Tener el pulso acelerado a mil y ser incapaz de moverse, cómo un colibrí que flota suspendido en el aire a cuenta de no parar de moverse, o finalmente ir en un vehículo a 100 Km. por hora en contrasentido al giro de un planeta que va a 30.000.

La vida misma es una paradoja, saber que dura e importa poco y a la vez es lo único que hay; La vida misma es un camino, uno corto y atropellado que muy pocos abandonan por voluntad o gusto. La única garantía es que si mañana no estas muerto, serás un día mas viejo y ¡Gloria a Dios! Por eso, por que como dice el Umberto D de De Sica: “Entre mas sé que debo morir, menos puedo evitar aferrarme a la vida con toda fuerza”

Y es que la Apatía es un concepto paradójico; en sí mismo y enfrentado a la noción de movimiento, que parece su diametral opuesto; El camino a la iluminación para los budistas y el camino a la perdición para los capitalistas. La palabra que dicha en occidente denota menosprecio, pero que escrita en español contiene tres triángulos y una cruz.

Como tantas obras, APATIA nació del despecho. Originalmente concebida como una historia de amor sublime y destructivo, de esas que develan el universo argumental a través de los ojos de una pareja de amantes atípicos durante un trascendental recorrido, al estilo de Badlands, True Romance, Bonnie and Clyde o Natural Born Killers.
Esa primera versión ha cambiado mucho en el transcurso de una década, en parte nutrida por las nuevas vivencias correspondientes a crecer y envejecer, y en parte depurada para alejarse del lugar común en el que se convirtieron las historias de amantes de carretera.

Por que la idea siempre ha sido rediseñar el molde, no romperlo; Hacer una película Colombiana que lidie con el conflicto particular y refleje también problemas globales y comunes a otras latitudes; hacer una película de carretera que como género narrativo sirva de vehículo pero que también documente y sensibilice, no solo a través de las imágenes creadas y diseñadas, sino también a través de los sonidos casuales y los encuentros fortuitos; Hacer coherente el producto con el proceso y hacer de la realización misma del filme un viaje, un desplazamiento y un crecimiento, que es lo que ha sido hasta ahora en todo caso.

Con el paso del tiempo Apatía se transformo en una historia más grande pero también más maciza. Eso sí, los cánones siempre se mantuvieron y pese a recurrir a flash backs, secuencias oníricas e imágenes y sonidos recurrentes, se mantiene la convicción de contar una historia lineal y aristotélica y enmarcada conceptual, temporal y geográficamente en la semana santa Colombiana. Ocho días para contar tres historias que al entretejerse son una sola, una santa semana que terminó siendo el cruce de muchos más cuentos y finalmente ese cruce de caminos al que hacen alusión la película de carretera y el vía crucis.

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